DIARIO DE VIAJES

CAMPO BASE DEL ANNAPURNA, NEPAL
03.01.10


Después de mi larga y dura expedición al Cho Oyu, tengo la oportunidad de pasar unos días en mi Guatemala. Estar aquí, últimamente, significa bastante trabajo y termino por compartir poco tiempo con amigos y familia y hacer poco o nada de ejercicio.

Al regresar de nuevo a Nepal, el reino de las montañas más altas del mundo, me recuerdo que es tiempo para proseguir con mi entrenamiento. Mi ida al Everest está menos que segura por la falta de fondos en estos momenots. Sé que debo mantener la motivación para seguir entrenando y no dejar de creer en mi sueño, aunque al momento no estoy cierta de cómo podré costear la expedición.   

En mi cuarto de hotel barato con algunas mapas en mis manos me pregunto ¿qué hacer para seguir mi entrenamiento?. Tengo varias posibilidades de trekking pero estamos ya a en Diciembre, cuando las temperaturas bajan y hay más riesgo nevascas.

Me decido por un trekking hasta el Campo Base del Annapurna, la décima montaña más alta del mundo con sus 8, 100 metros. El trekking consiste en 10 a 11 días de caminada en una región dentro del Parque Nacional de los Annapurnas. Se camina de 5 a 7 horas diárias un promedio de 15 quilómetros diários en altidudes desde los 1,000 a los 4,100 metros. Hay muchas subidas y bajadas lo que hace del trekking un buenísimo condicionamiento para las piernas especialmente con la mochila pesada que llevo.

Por las noches las temperaturas bajan considerablemente y me retiro a mi capullo de plumas bastante temprano. Tengo años de no dormir tanto. Por las mañanas, tengo la libertad de decidir a qué horas levantarme y qué hacer cada día. Estoy conociendo a muchos otros viajeros y me recuerdan cuando yo viajaba como ellos, con poca plata y mucho entusiasmo, hace 4 años cuando decidí ir por primera vez a India y Nepal. Conozco sus historias de vida y comparto historias de la mía.  

La energía que me da el estar rodeada de tanta naturaleza exuberante y montañas con alturas imposibles es increíble. Me siento cada día más fuerte, segura y completa. Siento que lo que estoy haciendo es exactamente lo que quiero seguir haciendo en mi vida,  pero debo encontrar un equilibrio justo para poder sobre llevarla. Estoy tan obsesionada con mi desafío llamado Everest que estoy descuidando las personas que más quiero y me estoy sobrecargando de estrés, en realidad, innecesario.

Mientras camino, pienso y medito. Mientras sudo y me canso, siento que de alguna manera algunos pensamientos comienzan a hacer sentido y otros los elimino a través de los poros y las reflexiones siempre vienen a la mente.

Ahora entiendo el privilegio de poder vivir un estilo de vida tan diferente como el que me llena tener: vivir sin casa, sin demora fija, sin llaves, sin recibos, sin seguridades económicas pero con una vida llena de aventuras, con desafíos, con mucho aprendizaje, con respeto por el planeta y sus diferencias culturales, sin muchos apegos y falsas seguridades. Por el otro lado entiendo el gran apoyo y respeto que tiene mi familia por mis decisiones de vida y el cariño incondicional de mis amigos. Observo y aprendo a apreciar esa inter- dependencia. Soy quien soy también gracias a la generosidad de mis padres en mi niñez, de mis maestros y mis amigos en mi juventud y de muchas otras personas con las que compartí un pedazo de mi vida en algún lugar y en algún país, en mi edad adulta.

Ahora siento la necesidad de equilibrar la disciplina y la fidelidad que le tengo a mi proyecto con el cuidado de la relación con mis seres queridos.

Para el año 2010 me propongo a no descuidar a las personas que quiero y a compartir más de mí y aprender de las personas que tendré el privilegio de conocer, así, hasta mis desafíos personales tendrá más felicidad y más sentido.     

  

    

 

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